Bijin-ga serie II (nº 02)
Título: "Peluquero"
El interés de esta imagen se centra en los peinados de ambas mujeres, un peluquero inclinado hacia delante con un lazo de color negro intenso, arreglando el pelo especialmente largo de su clienta. Destacan las formas de agarrar tanto el pelo como el peine, haciéndolo resbalar por el kimono perfumado de ocre de la clienta, decorado con estrellas de mar. Destaca con gran detalle el dibujo del pelo suelto en el obi de líneas blancas sobre fondo rojo, y el kosode de color ciruela.
Esta imagen forma parte de la Serie Bijin-ga ("Mujeres bonitas") dibujada por Mario BGil, basada en la xilografía de Kitigawa Utamaro "Peluquera" (1798-1799), 39,8 x 26,8 cm. Museo de Bellas Artes. Boston-Estados Unidos.
Utamaro dibujó una serie de doce grabados cuyos temas estaban relacionados con los trabajos manuales de las mujeres, y esta "Peluquera" es uno de ellos.
Mario BGil reproduce el sello del censor (Kiwame) y escribe su propia firma, Mario BGil, en japonés, con la fecha 14 (2014).
Las medidas del dibujo son 76 x 56 cm. (29,92 x 22,05 pulg.), con una superficie pintada de 67 x 49,5 cm.
Con su trabajo en la serie bijing-ga, Mario BGil ha querido embellecer, dar brillo y volumen a las imágenes presentadas por el artista japonés Kitigawa Utamaro en esos bellos grabados, ennoblecidos con la pátina del tiempo, que le han servido de inspiración. El resultado obtenido son retratos casi de tamaño natural, dotados de un fuerte cromatismo y valiosos contrastes, todo ello realzado, a su vez, con el volumen proporcionado por el peso y la rigidez del papel, y su gruesa textura (Fabriano Artistico "grana grosso", 640g/m2; el grosor y la dureza del papel hacen que sea necesario transportarlo sin enrollarlo).
De este modo, Mario BGil rinde homenaje a su admirado artista y nos ofrece una visión nueva y enriquecida de esta faceta popular del arte oriental de los siglos XVIII y XIX.
SOBRE EL ARTISTA
Mario BGil es un artista autodidacta que desde hace años compagina su actividad creativa con su trabajo en el mundo empresarial, alejado de las galerías de arte comerciales. Hombre de intereses muy diversos y gran sensibilidad artística, estudió Historia del Arte y, en 2012, se despertó en él un profundo interés por el arte oriental, de modo que comenzó a estudiar a los grandes maestros de la estampa japonesa Ukiyo-e, que tanta influencia ejercieron en las vanguardias europeas de finales del siglo XIX.
El descubrimiento de Kitagawa Utamaro (1753-1806), figura clave de la cultura metropolitana de Edo (actual Tokio) y punto de referencia en la historia del grabado japonés, supuso para Mario un cambio de rumbo provocado por la imperiosa necesidad de estudiar sus imágenes, recrearlas y recrearse en ellas, incorporando ciertos cambios tanto en el formato como en la técnica empleada.
La técnica utilizada por MBG es muy diferente de la empleada en los grabados con bloques de madera impregnados en tintas de colores intensos que sirven de modelo. Sobre un papel de gran gramaje y textura gruesa, Mario BGil delinea con un lápiz negro, y colorea los espacios con lápices y acuarelas. Frente a la intensidad de color de las estampas (ya muy perdida en algunas de ellas por su antigüedad y exposición al sol), sus dibujos se tamizan por el blanco veteado, debido a la gruesa textura del papel, mostrando más líneas, tonos suaves y más cálidos, dando color a los fondos pero dejando en blanco todos los volúmenes correspondientes a la piel, dotando así a las figuras de una serenidad clásica que trasciende su carácter oriental.
Entre 2014 y 2015, Mario BGil realizó más de 35 dibujos basados en las estampas seleccionadas de la ingente cantidad de obras producidas por el maestro Utamaro que muestran imágenes de cortesanas en diferentes actitudes y poses que resaltan la sutil delicadeza de la belleza femenina oriental.
Kitagawa Utamaro fue un fiel representante de los gustos de la burguesía japonesa de su época, que había transformado la vida de las ciudades dando origen a una cultura paralela a la oficial y aristocrática.
La actividad del nuevo grupo ascendente se desarrolló en barrios especiales de Edo (Tokio) y Osaka, y su banalidad, inconsistencia y frivolidad le valieron el nombre de Ukiyo: "mundo flotante"; un mundo que dará prioridad a una serie de manifestaciones culturales mucho más populares y menos intelectualizadas que las preferidas por la nobleza. Los nuevos barrios se llenan de burdeles y espectáculos que las clases altas considerarán vanos, y una nueva raza de héroes: luchadores de sumo, cantantes, actores y cortesanas llegarán a reinar en este "mundo flotante".
Frente a la pintura tradicional surge el sello con imágenes de este nuevo mundo. Las cortesanas de los distritos del placer de Edo que retrata Utamaro, no siempre aparecen perfectamente vestidas para recibir al cliente, sino que son sorprendidas mientras se arreglan, o durante el día. Los observa sin ser visto, los espía en su trabajo cotidiano e íntimo. Todas ellas son mujeres dibujadas con un estilo similar, con rostros alargados, narices rectas y delicadas (casi una sola línea) y otros rasgos reducidos a una mera sugerencia (la boca, una pequeña mariposa de color rojo).
La importancia que ha tenido en artistas europeos posteriores (Degas, Toulouse-Lautrec, Bonnard, Gauguin, Van Gogh...) ha sido grande y Mario BGil no ha podido sustraerse a la recreación de esas imágenes tan clásicas y, a la vez, tan actuales, rindiendo un claro homenaje a su creador original.