Enclavada entre la innovación artística y el descubrimiento científico, la obra de Laurent Lamarche explora los límites entre arte y ciencia, naturaleza y artificio, y realidad y ficción. Lamarche arruga, calienta, esculpe, escanea, recorta y proyecta plástico recuperado -su material preferido- para crear imágenes y esculturas ambiguas y evocadoras a la vez.
La manipulación que Lamarche hace del plástico como medio conserva un sentido lúdico. Las obras resultantes incluyen una escultura sobredimensionada de una nueva especie de insecto "traído a la vida" con el uso de alambre muscular que hace que el insecto se mueva y se sacuda, y una instalación escultórica que difracta rayos láser a través de una bolsa de plástico endurecida con forma de corazón. La luz se convierte en parte integrante de su obra, a medida que explora las cualidades transparentes y translúcidas del plástico y la miríada de formas en que puede utilizarse. Para Lamarche, la maleabilidad de sus materiales, su potencial para transformarse -y, en consecuencia, transformar su entorno-, puede cambiar la forma en que percibimos las cosas en el mundo.
Lamarche enmarca varias de sus obras dentro de una forma circular que, por el tipo de imágenes que presenta, recuerda a la placa de Petri, el visor microscópico, el objetivo de la cámara y otros aparatos de visión. En su serie de impresiones fotográficas C3H6 (2011), que toma su nombre de un compuesto químico del plástico, Lamarche utiliza el plástico para crear imágenes que parecen aparentemente familiares: imágenes que se parecen, y que a primera vista podrían pasar por tomas aéreas de paisajes naturales, vistas telescópicas del espacio exterior o primeros planos microscópicos de organismos vivos. Estas imágenes subrayan nuestra (excesiva) confianza en la visión como medio "objetivo" de aprehender el mundo, y la tenue relación entre vista y conocimiento.
Inspirándose en los avances actuales en el campo de la física, la astrofísica y la medicina, entre otros, el proceso creativo de Lamarche alude a la metodología de la investigación científica. En particular, su obra parece hacer referencia a los avances tecnológicos realizados en estos campos, que permiten a los investigadores acceder a lo que permanece oculto a simple vista y explorar lo que está fuera de la vista y del alcance.
Sin embargo, la obra de Lamarche, y en concreto su serie C3H6, no se limita a emular la imaginería científica. En cambio, consigue tocar el tema de cómo, según algunos, el bit electrónico infinitamente manipulable de la tecnología digital ha puesto en tela de juicio la "autenticidad" de lo que se representa. Mientras que la fe en el ojo objetivo de la cámara hace tiempo que se tambalea en los campos del Arte y las Humanidades, la obra de Lamarche, que manipula tanto física como digitalmente lo representado, desquicia juguetonamente cualquier creencia persistente sobre el "valor de verdad irrefutable" de las imágenes científicas.
Intrigado por las posibilidades innovadoras inherentes a las nuevas tecnologías, Lamarche sigue explorando el potencial de lo que, para algunos, se ha quedado obsoleto. No sólo reconoce la deuda histórica de lo nuevo con lo antiguo, sino que crea obras con medios híbridos que fusionan la tecnología láser, la fotografía digital y la escultura. Lamarche explora el potencial estético en su uso de medios híbridos y difumina la división entre lo antiguo y lo nuevo, y la alta y la baja tecnología.