SOBRE LA OBRA DE ARTE
"Bautismo de placer"
En esta obra, el artista vuelve sobre la idea del bautismo como momento de transición interior, liberándolo de la narrativa religiosa tradicional. Aquí la purificación no se produce mediante el rechazo de la experiencia corporal, sino mediante su reconocimiento como parte integrante de la totalidad humana. El placer se entiende no como lo opuesto a lo espiritual, sino como un estado de profundo compromiso con la vida, en el que la persona deja de dividirse entre lo "aceptable" y lo "prohibido".
El cuadro habla de la aceptación como una forma de experiencia sagrada. Es un espacio en el que la sensualidad se convierte en un lenguaje de confianza, y la intimidad en una posibilidad de renovación sin pérdida del yo. La artista afirma que una conexión auténtica con lo divino es posible no mediante la supresión del deseo, sino mediante la presencia honesta en el cuerpo, donde el placer se transforma en un acto de conciencia, amor y consentimiento interior.
SERIE PERICORESIS
"Pericoresis" (griego antiguo περιχώρησις - "interpenetración"), término teológico que significa la penetración mutua de las partes divinas entre sí, para describir una unión única que no implica mezcla ni fusión, sino que subraya una unidad indivisible.
Daria explora el tema de la nueva sexualidad, eligiendo deliberadamente un término de los tratados teológicos para su serie de obras.
Con este gesto, protesta contra los dictados de la religión, la manipulación y pesimización por parte de la iglesia de las manifestaciones sexuales y la fisicalidad humanas, los falsos significados y conceptos con los que las religiones han cargado, y en lugar de construir verdaderas conexiones y puentes para el hombre y Dios, construyen muros.
Para ella, "pericoresis" es un término bello y complejo que describe la fusión de lo divino y lo material. Habiendo crecido en la tradición protestante dentro de una sociedad ortodoxa, Daria observa la separación común de la sexualidad y la divinidad en todas estas religiones, mientras que ella ve la sexualidad como la manifestación más clara de la divinidad, la belleza y la sublimidad.
El artista señala que la cultura cristiana ha investido la imagen del cuerpo femenino con una narrativa de tensión pornográfica, al tiempo que presenta el paraíso anterior a la Caída como un paraíso sexual, el Jardín de los placeres terrenales. Para el artista, el paraíso sexual es un entorno seguro, la confianza total, la aceptación, la oportunidad de abrirse y descubrir al Otro, la oportunidad de aprender a ser amado y a amar.
El amor es un entorno en el que la fusión no se disuelve en otra persona, sino que, al contrario, refuerza la individualidad de cada uno y se enriquece mutuamente.
Así, el artista recuerda que la división entre lo sublime y lo bajo en el amor es artificial, y que superar esta división puede hacer la vida más bella. Los héroes de sus cuadros están inmersos en el enigmático espacio del amor, y a veces hay escenas irónicas que equilibran el grado de sublimidad.