Este cuadro te llegará estirado sobre un bastidor de madera y completamente listo para colocarlo en el interior.
SOBRE LA OBRA DE ARTE
"Verano/25", de la serie Flor Madeleine, es una fijación del verano como estado de ánimo, una elección interior de conservar el calor a pesar de la inestabilidad del mundo exterior. Esta obra se basa en el principio de la resistencia silenciosa a través de lo cotidiano: los objetos familiares, reunidos, se convierten no sólo en una naturaleza muerta, sino en una cápsula del tiempo personal.
El libro, la taza, el café, las frutas y las flores no son meros elementos de la vida doméstica, sino anclajes simbólicos ligados a sentimientos de paz, ritual y seguridad. Se trata de una geografía privada del verano, que se repite cada año, pero que en 2025 tiene un significado especial: como si aferrarse a esta escena fuera la forma misma de sobrevivir, de permanecer conectado con uno mismo, de no dejar que el paisaje interior se derrumbe.
El sol en los girasoles, la fruta amarilla y cálida, el amargor del café... todo ello se une como marcadores sensoriales del tiempo, capaces de devolver a la persona a su cuerpo, a sus sentimientos. No se trata de un arte que huye de la realidad, sino de un arte que opta por enfrentarse a ella en silencio, en diálogo, preservando lo familiar, lo terrenal, lo vivo.
Flor Madeleine
(Serie Madeleine)
La serie "Flor Madeleine" es una reflexión meditativa sobre la memoria, el tiempo y la vida que continúa a pesar de todo. No es sólo un archivo visual, sino una exploración cargada de emociones sobre cómo recordamos, qué elegimos conservar y qué imágenes se convierten en anclas interiores.
Inspirada en el efecto proustiano -en el que el sabor de una galleta madeleine desbloquea recuerdos olvidados-, cada obra de esta serie se convierte en una puerta de acceso a las "habitaciones invisibles del pasado". Sin embargo, la artista no se esfuerza por lograr una reconstrucción precisa: los recuerdos de estos cuadros se funden con la ficción, evocando una sensación de déjà vu o estados oníricos. Se trata de un diario autobiográfico, en el que los objetos de la vida cotidiana y del jardín alcanzan un estatus casi sagrado.
Un papel central en la serie corresponde a las flores y frutas de temporada. Funcionan como marcadores del tiempo, como una forma de captar el presente sin recurrir a un simbolismo político manifiesto. En medio de la guerra, la ansiedad y la destrucción, la artista elige deliberadamente mirar hacia la vida, documentando su paisaje interior a través de formas terrenales y vivas.
Las flores están hiperbolizadas: más grandes, más vivas, más saturadas que en la realidad. Se convierten en imágenes canónicas, casi iconos de la resiliencia. Las frutas -símbolos de madurez, abundancia y fragilidad- también hablan de los ciclos inevitables y la vitalidad duradera de la vida.
Así, la serie "Flor Madeleine" se convierte en un diálogo único entre el pasado y el presente, entre la realidad y la memoria, entre la vulnerabilidad personal y la firme decisión de seguir con vida. Es el arte como resistencia contra el olvido, un intento de preservar el yo y el propio mundo, no mediante el miedo, sino mediante la belleza.