El ADN es información genética, oculta y encriptada en los fluidos corporales. Datos velados que cargamos, que desconocemos y que alguien sabe descifrar. Tales especificaciones nos caracterizan en nuestra individualidad concreta, nos hacen irrepetibles y, sin embargo, se nos resisten. Esa cadena de moléculas constituye un conglomerado de pistas que alguien dilucida porque no sabemos cómo leerlo. Desconocemos los eslabones que componen ese ácido nucleico que nos delimita y caracteriza genéticamente. Curioso fenómeno el de no tener acceso a datos tan precisos y exactos sobre uno mismo. Nos escatiman, nos niegan a pesar de tener más autoridad que nadie para conocer sus propias características. El genetista, el científico, es quien puede ilustrar nuestra conformación genética exacta y única. Somos portadores de una clave que nos identifica pero que no conocemos. La obra ADN de Alec Franco indaga sobre esta figura secreta e inaccesible y muestra estos segmentos de ácido nucleico a partir del color, la forma y la textura. El ADN explora visual y plásticamente la morfología de nuestra secuencia genética. La serie de Franco investiga esa criptografía, sus texturas y matices, en una tensión entre la transmisión hereditaria oculta que portamos y lo manifestado y mostrado visualmente por su obra. Plantea el horror y el vacío del encuentro con uno mismo, mientras que su paleta propone la plenitud y la gozosa plétora de quienes alcanzan el autoconocimiento, superando el horror inicial del encuentro con la propia identidad y la singularidad que cargamos sin certezas. El ADN propone una forma de acceder a ese conocimiento que nos es esquivo por otra vía, la artística.
La obra de Franco juega entre el límite y el no límite, imaginando la idea de macrouniversos y microcosmos, combinándolos en un mismo espacio, mezclando, separando y uniendo dimensiones. Es a través de la presencia del color, combinada con una abstracción a veces con tintes expresionistas y otras muchas surrealistas, donde su obra se expande en diversos formatos y soportes (acrílicos, óleos, pasteles, carboncillo, pintura asfáltica, esmalte sintético, sobre lienzo, papel, madera y acero) transitando materialidades mixtas que se superponen, aplastando las figuras aparentes contra fondos heterogéneos. La obra de Franco juega entre el límite y el no límite, imaginando la idea de macrouniversos y microcosmos, combinándolos en un mismo espacio, mezclando, separando y uniendo dimensiones.
Cuadro montado en un bastidor: 45 de alto x 33,9 de ancho x 2 de profundidad pulgadas. ( También se puede desmontar y enviar enrollado dentro de un tubo).
Tamaño del lienzo: 44 pulgadas de alto x 33 pulgadas de ancho.
( También se puede desmontar y enviar enrollado dentro de un tubo).
Tamaño de la imagen: 39,3 de alto x 31,4 de ancho pulgadas.
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