Lámpara de mezquita grande de bronce pintada en frío, de estilo orientalista, de Franz Bergman
Austriaco, c. 1910
Altura: 72 cm, anchura: 32 cm, profundidad: 19 cm
Esta llamativa lámpara figurativa de bronce pintado en frío es un magnífico ejemplo de escultura orientalista vienesa, que representa a un fiel solitario rezando en el nicho de una mezquita. Con un diseño muy elaborado y unos colores intensos, esta pieza se atribuye a la fundición vienesa de Franz Xaver Bergmann, uno de los fabricantes más destacados de lámparas figurativas de bronce pintadas en frío de la época.
El fiel está de pie, descalzo, sobre una alfombra de oración con dibujos; tiene los dos brazos levantados en señal de oración y la cabeza inclinada hacia arriba, bajo un turbante rojo y blanco. Lleva una túnica larga con detalles dorados, ceñida a la cintura con una faja a rayas rojas y verdes, y la capa le cae en pliegues sueltos por la espalda; tiene las zapatillas a un lado, junto a los pies, como manda la costumbre. El nicho está enmarcado por un par de columnas retorcidas en espiral, y detrás de él hay una cortina azul con ribete rojo que se ha corrido con un cordón con borlas para dejar al descubierto una ventana enrejada empotrada en la mampostería, junto a la cual descansa una pequeña jarra ovalada.
Por encima de la hornacina se alza la cúpula principal de la mezquita, decorada con un entramado de rombos y rodeada en su base por una franja de ventanas arqueadas caladas, con paneles de vidrio de colores en verde y rojo, que brillan cuando se enciende la lámpara. Debajo de la cúpula, coronada por un remate en forma de media luna, hay una inscripción en pseudoárabe en relieve. Junto a ella, se alza un minarete alto y cuadrado que culmina en una aguja puntiaguda; su fuste está perforado por aberturas en forma de arco y, a media altura, lo rodea un balcón saliente con balaustrada. Un voluminoso dosel, pintado en rojo intenso con toques dorados, se extiende por toda la composición, aportando movimiento a la masa arquitectónica que hay debajo. El conjunto se alza sobre una base rocosa escalonada, modelada de forma naturalista, en bronce patinado.
La pintura en frío, en la que se aplica el pigmento a la superficie de la pieza fundida sin cocerla, se perfeccionó en Viena durante la segunda mitad del siglo XIX y permitió conseguir una gama de colores imposible de lograr solo con el bronce patinado. Esta técnica se aplicaba sobre todo a motivos orientalistas, que se inspiraban en la fascinación europea por Oriente Próximo y se fabricaban en Viena en una gran variedad de formas, desde pequeños conjuntos de adornos de escritorio hasta ambiciosas lámparas arquitectónicas como esta. En la parte inferior lleva grabada la marca del fabricante, una «B» dentro de un cartucho con forma de urna, junto con otras marcas de fundición, lo que concuerda con la producción austriaca de finales del siglo XIX y principios del XX.
Esta lámpara, que combina una temática devocional con un diseño arquitectónico original, demuestra la maestría técnica y la imaginación por las que la fundición Bergmann sigue siendo admirada, y aportaría un toque imponente tanto a un interior de época como a uno contemporáneo.